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Ricardo Benjamín Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.

Contador Público por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuenta con una Maestría en negocios por la Universidad de Tulane; sin embargo, no cree que los títulos académicos otorguen conocimiento por encima de la experiencia. Desde muy joven desarrolló su instinto empresarial en diversos negocios. Imposible es una palabra que no está en su diccionario.

Lector apasionado de la historia, sus personajes, el arte, la ciencia, la tecnología así como los negocios y finanzas, gusta de compartir sus intereses y no duda en manifestar su opinión sobre diversos temas de interés, como lo hace regularmente en su blog. Sus ideas las ha expuesto el Foro Económico Mundial de Davos, en The Young President’s Organization, The Economist Mexico Business Roundtable, el Instituto de las Américas, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, UCLA, TED, CAP, The Aspen Institute, The New York Forum, Universidad de Michigan, Universidad de Georgetown y la Escuela de Negocios de Harvard, donde usualmente trata asuntos relacionados con liderazgo, globalización, gobierno corporativo y las oportunidades en la base de la pirámide.

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El sueño de Inocencio

El sueño de Inocencio

Los hombres que trascienden a su tiempo influyen en la vida de las personas y, sobre todo, por definición, en las generaciones futuras. Lotario de Segni, nombrado Inocencio III (1160-1216) como Papa y principal contribuyente del Derecho Canónico, fue un hombre que forjó el camino de la iglesia católica cuando esta institución estaba a punto de desmoronarse.

Gerardo Laveaga retrata este personaje en una novela histórica titulada El sueño de Inocencio. Esta lectura nos ayuda a comprender qué hay detrás de un líder.

En su juventud, Lotario llevó una vida de estudioso –siempre enfrentándose al dilema de elegir entre el matrimonio y una vida consagrada. Como muchos se enamora, se desilusiona y aprende, aparentemente, una vida común.

Sin embargo, sus raíces aristócratas, su formación como teólogo y jurista, su inteligencia y, grandes dones diplomáticos, van desarrollando una personalidad notable que llama la atención del Papa Clemente III.

Así, asciende gradualmente en la escala eclesiástica, mientras se convence de que las doctrinas que cuestionan a la iglesia proliferan por Europa y que los Papas que se suceden en el poder no tienen las virtudes para salvar al catolicismo.

En su juventud, Lotario aplica el consejo que le da Enrico Dandolo, y que vale mucho la pena subrayar: “La principal virtud de un jefe es su capacidad para señalar un destino y, también, para construir el camino que llevará a su gente a ese destino. Ya se trate de un jefe político, de uno espiritual o de uno militar, éste sólo lo será si consigue inventar un sentido y despertar el entusiasmo de su pueblo para alcanzarlo... cuando no hay rumbo los pueblos, las iglesias, los ejércitos se dispersan...si no hay un camino o cuando existen numerosos caminos surge la confusión."

En esta etapa de su vida, Lotario aún está convencido de que el papel de la Iglesia no es imponer una sola verdad, sino crear un clima propicio para que todos puedan prosperar en la fe, a pesar de sus diferencias. Sin embargo, después olvida esto y se impone en su mente La Verdad. Aquí comienzan sus errores.

Por ejemplo, fundó una policía para supervisar la ortodoxia, instauró mecanismos de control, como la confesión y el matrimonio indisoluble; todo para señalar el rumbo de las personas y mantener a la cristiandad unida, negando así las diferencias de opinión y las libertades. En pocas palabras se convirtió en un árbitro inflexible.

Desde mi punto de vista, una de las características de buen líder es saber tomar decisiones fundamentadas en la información y el conocimiento de las personas que lo rodean –no de suprimirlos. También, debe ser decidido, pero nunca como Inocencio III, inflexible.

Otro punto clave del liderazgo es dar el ejemplo, ser congruente entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces. Desafortunadamente, el personaje central de esta historia al final de su vida no fue ni congruente ni tolerante: buscó que todos pensaran como él o los eliminaba. Pero, para que exista un cambio, y sobre todo un cambio de líderes, debe existir gente inconforme.

Al final de su vida, Inocencio III se da cuenta de sus errores: “había que dar marcha atrás. La responsabilidad le había hecho llegar donde estaba y la responsabilidad le impulsaba ahora a retroceder”. Fue demasiado tarde.

Inocencio III, sin duda uno de los personajes más influyentes de la historia, nos enseña el impacto que un líder puede tener en el futuro, pero también nos muestra la otra cara de la moneda: las graves consecuencias de sus errores.

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