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Ricardo Benjamín Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.

Contador Público por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuenta con una Maestría en negocios por la Universidad de Tulane; sin embargo, no cree que los títulos académicos otorguen conocimiento por encima de la experiencia. Desde muy joven desarrolló su instinto empresarial en diversos negocios. Imposible es una palabra que no está en su diccionario.

Lector apasionado de la historia, sus personajes, el arte, la ciencia, la tecnología así como los negocios y finanzas, gusta de compartir sus intereses y no duda en manifestar su opinión sobre diversos temas de interés, como lo hace regularmente en su blog. Sus ideas las ha expuesto el Foro Económico Mundial de Davos, en The Young President’s Organization, The Economist Mexico Business Roundtable, el Instituto de las Américas, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, UCLA, TED, CAP, The Aspen Institute, The New York Forum, Universidad de Michigan, Universidad de Georgetown y la Escuela de Negocios de Harvard, donde usualmente trata asuntos relacionados con liderazgo, globalización, gobierno corporativo y las oportunidades en la base de la pirámide.

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Rápido y Simple

Rápido y simple

El 4 de junio escribí sobre “El Punto de Quiebre”, un libro de Malcom Gladwell. Hoy voy a hablar de otro de sus libros, Blink, en tanto se relaciona con uno de los valores fundamentales de Grupo Salinas: Rápido y Simple.

Blink nos habla de la sección de nuestro cerebro que es capaz de procesar los problemas de manera instantánea, en un parpadeo, de manera sencilla y frugal. Sin esta capacidad cerebral podríamos fácilmente perecer en situaciones de peligro –o de competencia extrema en el entorno empresarial.

El libro nos narra, por ejemplo, la historia de un jefe de bomberos que al entrar a apagar lo que parecía ser un simple fuego de cocina ordena, sin conocer conscientemente sus propias razones, la salida inmediata de su equipo. Segundos después de salir de la casa el piso se desploma. El jefe de bomberos salvó la vida de su equipo porque su mente llegó a la conclusión inmediata de que la razón por la que el fuego no respondía al flujo de agua, el piso estaba anormalmente caliente y el fuego se consumía en silencio, entre otros factores, era porque no se trataba de un típico fuego en la cocina, sino de un devastador incendio en el sótano (a nivel consciente el jefe de bomberos tardó mucho más en llegar a esta conclusión).

Nuestro cerebro, la máquina más prodigiosa que existe, es capaz de procesar grandes cantidades de información y de llegar a conclusiones muy sofisticadas, de manera casi instantánea –y con una eficiencia en el consumo de energía que ninguna computadora electrónica ha podido igualar. Este procesamiento se realiza a un nivel subconsciente por lo que cuando nuestro cerebro opera en esta modalidad no tenemos conocimiento de sus razones, pero de alguna forma nos persuade a actuar en consecuencia –y a este complejo mecanismo le llamamos “simple intuición”.

Precisamente porque opera en el subconsciente, el pensamiento intuitivo es difícil de verbalizar. Es por ello que muchas veces las juntas y los memorandos no reflejan lo mejor de lo que somos como profesionistas. El pensamiento más brillante y creativo de nuestros colaboradores no se manifiesta en documentos interminables. El exceso burocrático inhibe la creatividad y frena a las organizaciones.

Debemos eliminar la burocracia de las empresas e incentivar el pensamiento intuitivo y la creatividad. Gladwell nos dice que tratar de verbalizar siempre lo que pensamos puede inhibir nuestra capacidad intuitiva. Imaginemos por un momento a un futbolista que tratara de explicar cada uno de sus movimientos al momento de jugar: muchas veces se trata de jugadas altamente creativas que no tienen una explicación lógica inmediata. A la obsesión compulsiva por hacer esto se le llama de manera común “la parálisis por análisis”, es la imposibilidad de reaccionar con rapidez por pensar una acción con la parte del cerebro equivocada. Las empresas no pueden pasar toda una vida analizando: deben actuar.

Pero, atención, no debemos llegar al otro extremo. El pensamiento intuitivo no es infalible –Blink nos habla de casos donde este mecanismo llegó a conclusiones terriblemente equivocadas. Una vez que llegamos a una conclusión intuitiva, resulta útil hacer un esfuerzo consciente por formalizar y documentar nuestro razonamiento, porque sólo así podremos encontrar errores y comunicar nuestro pensamiento a otras personas.

También debemos hacer un esfuerzo consciente por mejorar la precisión de nuestro pensamiento intuitivo y desarrollar la capacidad de saber cuándo podemos y cuándo no podemos confiar en él. Esto se logra a través de la experiencia.

Vivimos en un mundo que asume que mientras más tiempo razonemos y consideremos nuestras decisiones, mayor calidad tendrán –quien toma esto como válido se puede pasar toda una vida pensando sin actuar.

En la era del conocimiento, es fundamental que las organizaciones se muevan con rapidez. Nuestro cerebro intuitivo puede llegar a conclusiones bastante acertadas en segundos. Lo mismo aplica para las organizaciones; debemos educar y promover la capacidad de simplificar los procesos y de tomar decisiones rápidamente; y una vez que la decisión está tomada debemos ejecutar como Rowan.

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