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Ricardo Benjamín Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.

Contador Público por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuenta con una Maestría en negocios por la Universidad de Tulane; sin embargo, no cree que los títulos académicos otorguen conocimiento por encima de la experiencia. Desde muy joven desarrolló su instinto empresarial en diversos negocios. Imposible es una palabra que no está en su diccionario.

Lector apasionado de la historia, sus personajes, el arte, la ciencia, la tecnología así como los negocios y finanzas, gusta de compartir sus intereses y no duda en manifestar su opinión sobre diversos temas de interés, como lo hace regularmente en su blog. Sus ideas las ha expuesto el Foro Económico Mundial de Davos, en The Young President’s Organization, The Economist Mexico Business Roundtable, el Instituto de las Américas, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, UCLA, TED, CAP, The Aspen Institute, The New York Forum, Universidad de Michigan, Universidad de Georgetown y la Escuela de Negocios de Harvard, donde usualmente trata asuntos relacionados con liderazgo, globalización, gobierno corporativo y las oportunidades en la base de la pirámide.

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Puntos y contrapuntos sobre la delincuencia organizada

Cruz Roja

Sobre el tema fundamental de la delincuencia organizada encontramos bastante material que circula en Internet. Hay dos documentos que llaman la atención: por un lado encontramos una supuesta entrevista, cuya autenticidad ha sido puesta en duda, con un obscuro personaje conocido como Marcola  y por otro, una conferencia y una entrevista con Edgardo Buscaglia, experto internacional y consultor de la ONU. Vale la pena revisar este material, con una mente abierta y un ojo muy crítico.

Imposible reunir perfiles más distintos: primero encontramos al capo de la delincuencia brasileña, un criminal despiadado que no duda en asesinar seres humanos para alcanzar sus fines, y que se expresa con crudeza y mezquindad; en segundo lugar, tenemos a un académico, consultor de gobiernos, elocuente y políticamente correcto en sus opiniones.

Estos materiales reflejan puntos de vista contrastantes que, sin embargo, coinciden en un punto fundamental: “la delincuencia organizada es, de alguna u otra forma, producto de la pobreza”.

Marcola justifica sus terribles acciones en nombre de la situación económica y social: “migración rural, brecha en niveles de ingresos, favelas, etcétera”. Nos pretende convencer que no es un delincuente sanguinario, sólo un subproducto de un sistema injusto. Buscaglia por su parte menciona como una causa importante del crimen una política social “ausente” en nuestro país.


No estoy de acuerdo.


Antes de explicar la razón, quiero poner en claro que en Grupo Salinas creemos firmemente en la necesidad de aliviar la pobreza y brindar herramientas de desarrollo a la Base de la Pirámide (BOP). Aquí creemos en el valor de la Generosidad y llevamos a cabo muy distintos proyectos sociales. Pero sobre todo, creemos firmemente que un futuro próspero para América Latina requiere de una clase media en expansión.

Dicho esto, descarto la línea de pensamiento que asocia casi automáticamente pobreza con criminalidad: conozco a mucha gente en la Base de la Pirámide que ni por un segundo pensaría en unirse a las filas del crimen organizado, por más desesperante que se torne su situación económica. En contraste, existe gente muy rica que prefiere delinquir como forma de vida. Esto no es cuestión de ser rico o pobre, es cuestión de principios.

Tras décadas de trabajar en la Base de la Pirámide, me niego a criminalizar la pobreza; creo que éste es un argumento simplista, infantil y que no propone soluciones.

Nadie es criminal debido a circunstancias de pobreza material. Me parece que aquí hablamos de otro tipo de miseria: pobreza de espíritu y carencia de valores. Debemos entender que el valor de respeto a la vida humana debe prevalecer por encima de cualquier contexto material: jamás podremos justificar el asesinato o el secuestro de un ser humano por la existencia de pobreza o desigualdad.

Sobre las posibles soluciones al problema del crimen, Marcola simplemente nos dice que “la propia idea de solución ya es un error”. Pero, ¿qué otra cosa nos va a decir? Es del interés de los delincuentes robarnos la esperanza.

Las amenazas de Marcola no difieren de la de cualquier otro grupo terrorista: “mataremos a todos, culpables o no ¡tiemblen!”.

Por su parte, el experto internacional hace un recuento de lo obvio y nos recuerda que para combatir el problema de la delincuencia se requieren cuatro pilares esbozados por la Convención de Palermo: (1) represión a las actividades criminales; (2) prevención social; (3) prevención de corrupción política y (4) desmantelamiento del patrimonio de los delincuentes.

Buscaglia considera que en México, con excepción del primer pilar, todos los demás están ausentes. Aunque para ser justos debemos considerar que tanto el gobierno como la iniciativa privada han instrumentado diversos programas sociales, tal vez no sean suficientes, pero existen e incluso algunos han sido copiados por otros países.

De acuerdo con Buscaglia: (1) los grupos criminales compiten por capturar al Estado mexicano; (2) existen 22 distintas actividades ilegales donde participan los grupos criminales, esto va desde el contrabando de drogas, armas, personas y órganos hasta el fraude electrónico y la piratería; (3) el Gobierno Federal se ha enfocado en reprimir a los criminales sin tocar su patrimonio.

No se necesita ser un experto para reconocer los primeros dos puntos. Sobre el tercero, Buscaglia descarta, con argumentos que estimo simplistas, la posibilidad de dar una solución de mercado y de salud pública al tema de las drogas –algo que ya el propio Presidente Calderón sugirió ante las Naciones Unidas.

Es muy fácil predicar desde el podio, pero en nuestra situación debemos considerar todas las opciones, con la excepción de pactar con los criminales.

Hoy existen opiniones muy destacadas que consideran que ciertos tipos de drogas se deben legalizar para evitar las rentas monopólicas y para vulnerar las finanzas de los grupos criminales. En cambio debemos pensar en términos de salud pública. Como ejemplos de esta línea de pensamiento encontramos las de algunos expresidentes latinoamericanos, financieros como George Soros, mi amigo, el prominente consultor empresarial Ichak Adizes, entre muchos otros. Incluso, la opinión pública en algunos países se abre a otras opciones.

También, me llama mucho la atención que Buscaglia minimiza totalmente el problema y origen de las armas que están detrás de la violencia en México— me pregunto a qué intereses responden sus argumentos, porque para todos es obvio que el tráfico de armas es una parte fundamental del asunto.

Hoy vemos muchos estados fallidos. Para evitar este destino, o establecemos el Imperio de la Ley, o padeceremos la Ley de la Selva. Cuando la honestidad es vista como una cualidad opcional y el delito como lo normal, no hacen falta “Marcolas” para generar un clima de inseguridad y de violencia.

Con una mente abierta y sin hipocresía, debemos escuchar y analizar cuidadosamente todos los argumentos y luego tomar decisiones firmes, siempre respetando el Imperio de la Ley. No obstante, me parece que no podemos confiar mucho en las opiniones de mafiosos ni de renombrados consultores internacionales para diagnosticar y resolver el grave problema de la delincuencia organizada en nuestro país.

Aunque debemos combatir la pobreza, el problema del crimen organizado responde a causas mucho más directas como la corrupción, impunidad y la ausencia de un Estado de Derecho, así como la falta de transparencia y rendición de cuentas.

Además, debemos considerar soluciones a múltiples problemas asociados como el tráfico de armas, lavado de dinero, rentas monopólicas, y cuestiones de salud pública. Estos temas no son irresolubles, de hecho urge arreglarlos, y esto sólo lo vamos a lograr con creatividad, inteligencia y capacidad de ejecución.

Nunca debemos perder la esperanza como nos quieren persuadir los criminales y algunos políticos. El futuro de México está en juego, lo único impensable es abandonar