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Ricardo Benjamín Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.

Contador Público por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuenta con una Maestría en negocios por la Universidad de Tulane; sin embargo, no cree que los títulos académicos otorguen conocimiento por encima de la experiencia. Desde muy joven desarrolló su instinto empresarial en diversos negocios. Imposible es una palabra que no está en su diccionario.

Lector apasionado de la historia, sus personajes, el arte, la ciencia, la tecnología así como los negocios y finanzas, gusta de compartir sus intereses y no duda en manifestar su opinión sobre diversos temas de interés, como lo hace regularmente en su blog. Sus ideas las ha expuesto el Foro Económico Mundial de Davos, en The Young President’s Organization, The Economist Mexico Business Roundtable, el Instituto de las Américas, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, UCLA, TED, CAP, The Aspen Institute, The New York Forum, Universidad de Michigan, Universidad de Georgetown y la Escuela de Negocios de Harvard, donde usualmente trata asuntos relacionados con liderazgo, globalización, gobierno corporativo y las oportunidades en la base de la pirámide.

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La Guerra contra las Drogas ha fracasado, es momento de avanzar

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 “Cuando se introdujo la Prohibición, yo esperaba que fuera ampliamente apoyada por la opinión pública y que pronto llegaría el día en el que los efectos dañinos del alcohol serían reconocidos. Lamentablemente, me he dado cuenta que éste no ha sido el resultado. En cambio, el consumo de alcohol ha aumentado en general; el bar clandestino ha reemplazado a la taberna y ha aparecido un vasto ejército de transgresores de la ley. Muchos de nuestros mejores ciudadanos han ignorado abiertamente la Prohibición, el respeto por la ley ha disminuido y el crimen ha aumentado a un nivel nunca antes visto.”

 

John D. Rockefeller Jr., carta a Nicholas M. Butler, 1932

 

La semana pasada, Reuters publicó a nivel mundial este artículo de opinión que les comparto en este espacio. Sé que se trata de un tema polémico pero debemos confrontarlo con toda honestidad y poner a trabajar a nuestras mejores mentes en este delicado tema, sobre todo a la luz de acontecimientos recientes.

¿Aprendimos algo de la Prohibición?

La Prohibición de las bebidas alcohólicas en Estados Unidos fue un rotundo fracaso y por razones similares, la llamada Guerra contra las Drogas es un fiasco. Cuarenta años después que Richard Nixon declaró esta guerra, el consumo de drogas se ha incrementado, la violencia alcanza niveles incontrolables y el Imperio de la Ley se ha colapsado en diversas regiones, especialmente en América Latina.

Nociones muy básicas de economía nos indican que cuando se ejerce una presión artificial sobre la oferta, los precios de un producto se incrementan junto con los márgenes, con lo que se crean los incentivos propicios para el desarrollo de la actividad criminal. Este error fundamental se cometió hace casi un siglo con la Prohibición que entró en vigor en enero de 1920 en EE.UU. Desde 1925, algunos observadores afirmaban que esta política, lejos de fomentar la seguridad de los ciudadanos, había creado extensas y peligrosas redes criminales.

En 1932, Franklin D. Roosevelt fue electo presidente de los Estados Unidos en parte debido a su promesa de campaña de terminar con la Ley Seca. Diversas personalidades que originalmente apoyaron esta política (la Prohibición), como John D. Rockefeller Jr., terminaron combatiéndola ferozmente debido a sus efectos devastadores sobre la sociedad, la industria y la agricultura.

Un mundo criminal

Hoy vemos con claridad las terribles consecuencias de la Guerra contra las Drogas. México paga con sangre de sus ciudadanos un precio infame por una política dictada desde Washington que se ejerce con el apoyo de las Naciones Unidas: sólo en la última década, al menos 50,000 personas han muerto en mi país como resultado de esta guerra fallida.

En el Estudio Mundial sobre el Homicidio 2013 publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), se sugiere que la pobreza y la desigualdad son los factores más importantes para explicar el incremento en las tasas delictivas a través de América Latina. Curiosamente en África, una región mucho más pobre, los índices de criminalidad no se han incrementado y la UNODC no ofrece una explicación coherente de esta inconveniente anomalía.

A pesar de una notable falta de autocrítica, el reporte ofrece información valiosa. Por ejemplo, en 2012, casi medio millón de personas fueron asesinadas a nivel mundial. Más de una tercera parte de estos homicidios ocurrieron en América Latina –en contraste, Europa representa sólo el 5% de estas víctimas–. En la mayor parte de las regiones del mundo la violencia decrece, no así en nuestro continente.

La Guerra contra las Drogas es una guerra contra América Latina

Una gran parte de la violencia que arrasa con nuestra región es claramente producto de la Guerra contra las Drogas, que ha mermado nuestros sistemas de justicia a lo largo de todo el continente al saturarlos de crímenes sin víctima, como la posesión o el consumo de narcóticos. Los Estados Unidos representan un ejemplo claro de esta terrible insensatez, al mantener una cuarta parte de la gente en prisión a nivel mundial, casi la mitad presa a causa de faltas relacionadas con narcóticos. Esta saturación irracional de los sistemas de justicia genera una impunidad rampante que desgarra el tejido social.

La UNODC correctamente apunta que existe una causalidad entre los niveles de impunidad y las tasas de homicidio a nivel mundial, un fenómeno que hoy resulta incontrolable en ciertas regiones de México y América Central. Debemos considerar que siete de las ocho regiones más peligrosas del mundo se ubican en la Ruta de la Cocaína hacia Estados Unidos.

Países como Honduras, Venezuela, Belice y El Salvador, reportaron tasas de 90, 54, 45 y 41 homicidios por cada cien mil habitantes, respectivamente. Estos son niveles intolerables de violencia que devasta comunidades enteras. La incapacidad del estado de llevar a la mayor parte de los asesinos ante la justicia es un factor clave que explica esta violencia.

Esta brutal subversión del Imperio de la Ley corroe todo a su paso. Por otro lado, la Guerra contra las Drogas se sostiene por una lógica circular, donde el nefasto daño que genera se atribuye hipócritamente a los narcóticos. Este argumento falaz, que pretende dar justificación a esta política, genera una violencia interminable.

Nos urge un cambio

Han transcurrido más de cuatro décadas desde que se declaró la Guerra contra las Drogas en Washington. México acata ciegamente esta política que sólo genera violencia, desgarrando irremediablemente el tejido social. ¿Cuánta destrucción adicional necesitamos ver antes de convencernos?

Las fuerzas económicas en juego son insuperables. Se trata de una industria con ingresos por decenas de miles de millones de dólares que corrompe todo a su paso,  devastando el orden social y el Imperio de la Ley. Esta política sólo implica que el estado renuncie a su derecho de regular los narcóticos, dejando el ejercicio de esta actividad fundamental a los capos de la droga.

La Guerra contra las Drogas destroza nuestro hemisferio. Muchos lo saben, pero muy pocos levantan la voz para decir lo que es obvio: debemos legalizar y regular las drogas, empezando con la Cannabis. Consideremos que las campañas para prevenir el consumo del tabaco, un producto mucho más adictivo que la Cannabis, han sido muy exitosas.

Reasignemos nuestros recursos –tan escasos en América Latina– hacia la rehabilitación y la educación, para enfatizar los peligros del abuso de substancias y así confrontar directamente este problema de salud pública.

Liberemos nuestros sistemas de justicia para que puedan enfocarse en garantizar la seguridad de las personas,  los derechos de propiedad y para que sean capaces de combatir eficazmente los delitos que más lastiman a la sociedad –especialmente aquellos que conllevan violencia en contra de las personas–. De esta forma, gradualmente, podremos reestablecer el Imperio de la Ley en el que se sustenta nuestro bienestar.

Hace varias décadas, las Naciones Unidas se comprometieron a lograr un “Mundo sin Drogas”. Hoy estamos más lejos que nunca de alcanzar esa promesa. Mucha más gente muere como resultado de esta política que a causa del consumo de narcóticos. Seamos claros: la Guerra contra las Drogas es un fracaso.

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19.julio.15
Antonio Burgos Marín, Querétaro, Qro.:

Todo es cuestión de educación y cultura. El alcohol y el tabaco, al igual que la cannabis, son drogas, pero la "sociedad" en algún momento dijo que las primeras eran drogas legales y en la actualidad está "bien visto" fumar y tomar alcohol, cuando estas dos drogas producen 100% más muertes que las producidas por el consumo de la cannabis ¿o han escuchado alguna vez que alguien haya muerto por fumar marihuana? Al gobierno no le conviene que el pueblo esté educado porque perdería su capacidad de control y manipulación sobre el mismo, y esa es la raíz de todos nuestros males. La mala información y la desinformación en la que vivimos provocan obscuridad en lo que debería estar más que claro. La manipulación en los medios de comunicación para que el pueblo se entere solamente de lo que al Gobierno le conviene que nos enteremos. La industria tabacalera y de bebidas alcohólicas representan millones en impuestos y ganancias para el gobierno al igual que la industria de las drogas "ilegales", pero en México no hay capacidad para enfrentar el poderío del narcotráfico. Hay que aprender a desaprender y darle cabida a la realidad y no a lo que estamos acostumbrados a oír y ver.

17.julio.15
Annel Fregoso , Zapopan Jalisco :

Licenciado, yo realmente creo no es el estado fallido lo que nos tiene en la situación actual, es la sociedad fallida, por que ya los narcos son bien vistos, salen en revistas de sociales, todo el mundo tiene un amigo narco, las niñas "bien" de ahora andan con ellos, forman familias con ellos, les abrimos la puerta de nuestras casas, así que creo que todo lo que está pasando es por la decadencia de la sociedad.

16.julio.15
Eduardo Fernández, D.F.:

Simplemente... es una reverenda estupidez que en territorio nacional haya miles de muertos (en el combate al tráfico de marihuana) por parte de ambos bandos (policías y narcos), mientras que en los Estados Unidos (que es quien presiona al gobierno para que "combata el narcotráfico") se vende la marihuana legalmente hasta en máquinas dispensadoras. ¡¡¡Eso es una burla!!!

16.julio.15
Rodrigo Corona, Mexico DF:

El tráfico de drogas es una industria de miles de millones. Como bien menciona USA limita a nuestro gobierno a pelear una guerra perdida, a desgastar nuestro tejido social y poner al pueblo contra el pueblo. Comparto la idea de que se debe de administrar la producción y comercialización por nuestro gobierno, que los altos impuestos a esta actividad sirvan para disuadir a la población de su consumo y tratar a los enfermos. Las ganancias de un negocio tan lucrativo pueden servir para obra pública y mejorar la educación o los sistemas de salud, la especializacion de comunidades para traer inversiones, etc. Saludos

16.julio.15
Héctor Pérez, México D.F.:

Lamentablemente hay un atraso terrible en este debate. Que un personaje tan poderoso en México como usted lo tome, aunque ya sea un poco atrasado, significa un avance en otro sentido. No faltará quien lo acuse de poner un pié en un siguiente negocio. Sin embargo, este mercado debe ser abierto por el Estado, en paralelo con su sistema de salud, educativo y una logística de producción y distribución, compartida o concesionada, pero manejada y supervisada por las fuerzas armadas. Los Estados deberían estar trabajando ya en la construcción de estos modelos: un gran sistema de salud que regule el derecho de los ciudadanos a narcotizarse (incluir al alcohol), quién puede, por sus responsabilidades, oficio, morfología cerebral, psicología, etc. (artistas, creativos, etc.) y quién tiene riesgos, o definitivamente no debe consumir (conductores, pilotos, etc.) por lo mismo. Un corpus educativo que se incorpore al sistema formal y que rompa todos los mitos al respecto: tipos de drogas, usos, efectos reales, etc. Buscar opciones de percepción en nuestra vida debiera ser una alternativa legal y bien vista, con espacios adecuados; se habla del uso "recreativo", aunque debería haber un uso "trascendental" de las drogas para ciertos oficios y profesiones. Deberían otorgarse concesiones farmacéuticas para lograr calidades menos peligrosas para la salud, que seguramente muchas drogas tienen. La cocaína no debe seguir mezclada con cemento e hidrocarburos, o la cannabis, fumarla debiera ser l

16.julio.15
gerardo, guanajuato:

La drogadicción es el veneno de la medusa de mil cabezas. Sus causas son tan numerosas como complejas, producto de la corrupción política, desintegración familiar, usos y costumbres y hasta últimos estudios científicos, predisposición genética y psicológica a ciertas adicciones. Pareciera que por naturaleza la humanidad esta condenada a convivir con este otro padecimiento, al igual que con el alcohol. Es necesario combatir los factores que promueven la proliferación de las adicciones, desde la educación infantil hasta la tolerancia controlada del consumo, desde médico del cannabis hasta recreativo, crear estándares de control de calidad como en el alcohol y legislar el uso para personas y lugares donde no generen daños colaterales a terceros. Tendría que ser un plan integral, lejos de la insignificancia de la prohibición y la autorización del consumo.

16.julio.15
Jesus Osorio, Xochitepec, MOR :

Propongo regresar a lo básico, empleos dignos, no sólo tener empleos, universidades públicas con estímulos para generar ciencia al servicio de la patria. De la misma forma como se tienen programas de orquestas sinfónicas, debemos promover la ciencia, por ejemplo, ferias científicas. También talleres para habilidades técnicas como plomería y electrónica. Demos al pueblo un sentido de vida diferente.

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