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Ricardo Benjamín Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.

Contador Público por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, cuenta con una Maestría en negocios por la Universidad de Tulane; sin embargo, no cree que los títulos académicos otorguen conocimiento por encima de la experiencia. Desde muy joven desarrolló su instinto empresarial en diversos negocios. Imposible es una palabra que no está en su diccionario.

Lector apasionado de la historia, sus personajes, el arte, la ciencia, la tecnología así como los negocios y finanzas, gusta de compartir sus intereses y no duda en manifestar su opinión sobre diversos temas de interés, como lo hace regularmente en su blog. Sus ideas las ha expuesto el Foro Económico Mundial de Davos, en The Young President’s Organization, The Economist Mexico Business Roundtable, el Instituto de las Américas, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, UCLA, TED, CAP, The Aspen Institute, The New York Forum, Universidad de Michigan, Universidad de Georgetown y la Escuela de Negocios de Harvard, donde usualmente trata asuntos relacionados con liderazgo, globalización, gobierno corporativo y las oportunidades en la base de la pirámide.

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Los escombros

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Hoy conmemoramos dos temblores catastróficos: uno en 1985 y otro hace apenas un año. Debido a las graves pérdidas humanas y materiales que ocasionó, el terremoto de hace 33 años cambió a México en muchos sentidos: en su cultura de prevención de desastres, en un fortalecimiento de la sociedad civil y en la relación de los ciudadanos con sus gobernantes. El terremoto del año pasado también tendrá lecciones y efectos de largo plazo en nuestra sociedad.

Es imposible pronosticar estos fenómenos geológicos, pero sí es posible prepararnos de una mejor manera para reducir los daños humanos y materiales y procurar que la recuperación sea eficiente y rápida.

Desafortunadamente, a un año del sismo de 2017, en muchos sitios sólo quedan escombros. Muchas familias no han recibido una respuesta adecuada para resolver la pérdida de la totalidad de su patrimonio y se encuentran desoladas. En muchos sentidos, la recuperación se paralizó: múltiples edificios dañados se han quedado sin demoler, los esfuerzos de prevención han sido insuficientes y gran parte del presupuesto asignado para la reconstrucción se ha utilizado de manera opaca –en el mejor de los casos.

Desafortunadamente, a un año del sismo de 2017, en muchos sitios sólo quedan escombros. Muchas familias no han recibido una respuesta adecuada.

Pero nuestro país no es el único en padecer esta clase de negligencia. Alrededor del mundo vemos las consecuencias de una grave falta de gobernabilidad. En los gobiernos de muchos países, nadie es responsable de nada. En Río de Janeiro, Brasil, se incendia el Museo Nacional y se pierde, irremediablemente, un acervo enorme de patrimonio científico y cultural y nadie se hace responsable. En Génova, Italia, se derrumba un puente importante, con la pérdida de decenas de vidas humanas y nadie se hace responsable. Lo mismo ocurrió en Grecia. En Estados Unidos, miles de niños inmigrantes, previamente detenidos han desaparecido y el gobierno federal no ha hecho absolutamente nada para poner fin a las masacres en los colegios y universidades. A un año del paso de un huracán devastador, la recuperación en Puerto Rico es insuficiente.

¿Cuál es el hilo conductor de todo esto? Gobiernos negligentes, irresponsables, opacos y que no rinden cuentas a nadie. Son muy puntuales y exigentes para cobrar impuestos, pero los ciudadanos reciben pocos beneficios a cambio.

Esta crisis de gobernabilidad y de ausencia de Estado de Derecho no puede continuar. Nuestra responsabilidad como ciudadanos es exigir resultados y cuentas claras a los gobernantes que dicen representarnos y que tienen la obligación de velar por nuestros intereses.

Esta crisis de gobernabilidad y de ausencia de Estado de Derecho no puede continuar. Nuestra responsabilidad como ciudadanos es exigir resultados.

En México, el pasado primero de julio, la gente manifestó su hartazgo en las urnas. Nos queda claro que el Presidente Electo recibió el mensaje y buscará cambiar esta situación, esperemos que lo logre. Pero él no podrá hacerlo solo: cada uno de nosotros debemos mostrar corresponsabilidad. Es fundamental involucrarnos como ciudadanos, mostrar interés en la Cosa Pública y considerar que lo que gasta el gobierno nos afecta.

Tenemos que ayudarle al nuevo gobierno a cumplir con sus promesas de actuar con honestidad, transparencia y responsabilidad y acabar con la corrupción. Necesitamos terminar con el dispendio en el gasto público, poner fin a la inseguridad y brindar oportunidades para que los jóvenes puedan construirse un futuro.

Es buen momento de recordar de lo que somos capaces cuando estamos unidos y buscamos el bien común. Ojalá que la conmemoración de los sismos nos lleve a ser mejores ciudadanos, a evitar la indiferencia y a exigir cuentas y resultados a nuestros gobernantes –en todos los niveles–. De los escombros de estos dos terremotos tendrá que surgir un mejor país, ésa es nuestra responsabilidad.

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